Rebelión
Parecía que ahora que había pasado el cierre del mes infernal todo sería, en comparación, como una seda, pero ahora todo apunta a que, siguiendo escrupulosamente las leyes de Murphy, lo que aparentemente no podía ser peor va a empeorar un poquito más. Tenemos un nuevo suplemento (16 páginas más, del que me informaron cuando yo pregunté al ver las previsiones de publicidad, porque si no aún estaría en mantillas), otro que están negociando pero aún no nos han dicho nada (por lo general nos enteramos cuando oímos a las comerciales ofrecer publicidad en espacios que aún no existen), y está visto que, también a raíz de lo que les cuentan a las comerciales y a nosotras no, tendremos que sacar a mayores en dos semanas una revista de 80 páginas (lo que viene a implicar, a ojo de buen cubero, un incremento de trabajo del 150% respecto a hace tres meses, y sin incremento de personal).
Todo esto implica, por supuesto, que no podemos disfrutar de ninguno de los días de vacaciones que tenemos pendientes, ni siquiera los que ya estaban pedidos y aprobados, porque "vienen meses de mucha carga editorial y todo el mundo tiene que arrimar el hombro". Y con todo el mundo, naturalmente, se refieren a todo el mundo en el departamento de redacción y maquetación.
En principio, si no lo retrasan más tirándose más días sin pisar la oficina, los jefes se reunirán con nosotras el lunes para comunicarnos la montaña de trabajo que se nos viene encima. Y le pienso decir que no aceptamos.Y si me echan, que me echen.
Lo siento, pero me niego a que nos quedemos todas haciendo una o dos horas extras no remuneradas cada día durante sabe dios cuánto tiempo (porque el mes pasado era sólo ese mes que había mucha carga de trabajo, ahora es este también, y vete a saber lo que nos queda). Me mata de risa que nos echen en cara que nos vamos a nuestra hora, después del esfuerzo que hicieron "por la conciliación familiar" cambiando los horarios para que saliéramos a las cinco y media. Vale, antes hacíamos ocho horas y salíamos a las siete y media. Ahora hacemos ocho horas, supuestamente salimos a las cinco y media, pero deberíamos salir de motu propio a las siete o siete y media para mostrar nuestra entrega al trabajo. ¿Alguien más piensa que algo falla en esta apuesta por la conciliación?
Voy a plantarme, porque tengo un as en la manga. Con la jefa de redacción de baja y la mitad de la plantilla recién llegada y sin conocer todavía bien el modo de funcionamiento, si ahora nos vamos las dos a las que más nos afecta este cambio, este mes no sale nada. Ya no es que no salga la revista nueva y los quince mil suplementos, sino que ni siquiera sale el periódico, que es por lo que supuestamente nos pagan. Y casualmente, las dos que más puteadas estamos somos las que menos ahogadas estaríamos si nos echan: no tenemos hijos que mantener, ni hipotecas o letras de coche que pagar. Y aunque mi jefe se ponga en plan chulo y diga que a quien no le guste el ritmo de trabajo,que coja la puerta y se vaya, si ahora nos vamos lo iba a tener él más chungo que nosotras.
Eso sí, no pienso irme, es decir, dimitir. Si le parece mal nuestro plante, que nos eche él, que tendremos derecho a paro. Si está seguro de que el problema es que no nos da la gana de trabajar, y que hay gente ahí fuera dispuesta a echarle doce horas diarias por sistema y sacarle todo el trabajo, es libre de echarme y contratar a uno de esos superperiodistas.
Sí, en cierto modo es un chantaje en toda regla(Mira, algo he aprendido de tener que tratar con el novio de V). Pero se acabó el que me tomen por tonta. Sé que están aprovechando que no está mi jefa directa para hacernos tragar con todo aquello a lo que ella se había negado, y por ahí no paso. Una de dos, o nos alivian trabajo (con lo cual salgo ganando) o me voy al paro y me libro de varios meses de semiesclavitud (con lo que salgo ganando también).
Y lo siento, pero es que no me vale el argumento de "es que en publicidad hemos prometido a nuestros anunciantes que salimos en dos semanas al doble de páginas". Si yo para vender un coche le prometo al comprador que además de andar, vuela, si éste se lanza por un barranco y se estrella la culpa no es del coche, precisamente.
Todo esto implica, por supuesto, que no podemos disfrutar de ninguno de los días de vacaciones que tenemos pendientes, ni siquiera los que ya estaban pedidos y aprobados, porque "vienen meses de mucha carga editorial y todo el mundo tiene que arrimar el hombro". Y con todo el mundo, naturalmente, se refieren a todo el mundo en el departamento de redacción y maquetación.
En principio, si no lo retrasan más tirándose más días sin pisar la oficina, los jefes se reunirán con nosotras el lunes para comunicarnos la montaña de trabajo que se nos viene encima. Y le pienso decir que no aceptamos.Y si me echan, que me echen.
Lo siento, pero me niego a que nos quedemos todas haciendo una o dos horas extras no remuneradas cada día durante sabe dios cuánto tiempo (porque el mes pasado era sólo ese mes que había mucha carga de trabajo, ahora es este también, y vete a saber lo que nos queda). Me mata de risa que nos echen en cara que nos vamos a nuestra hora, después del esfuerzo que hicieron "por la conciliación familiar" cambiando los horarios para que saliéramos a las cinco y media. Vale, antes hacíamos ocho horas y salíamos a las siete y media. Ahora hacemos ocho horas, supuestamente salimos a las cinco y media, pero deberíamos salir de motu propio a las siete o siete y media para mostrar nuestra entrega al trabajo. ¿Alguien más piensa que algo falla en esta apuesta por la conciliación?
Voy a plantarme, porque tengo un as en la manga. Con la jefa de redacción de baja y la mitad de la plantilla recién llegada y sin conocer todavía bien el modo de funcionamiento, si ahora nos vamos las dos a las que más nos afecta este cambio, este mes no sale nada. Ya no es que no salga la revista nueva y los quince mil suplementos, sino que ni siquiera sale el periódico, que es por lo que supuestamente nos pagan. Y casualmente, las dos que más puteadas estamos somos las que menos ahogadas estaríamos si nos echan: no tenemos hijos que mantener, ni hipotecas o letras de coche que pagar. Y aunque mi jefe se ponga en plan chulo y diga que a quien no le guste el ritmo de trabajo,que coja la puerta y se vaya, si ahora nos vamos lo iba a tener él más chungo que nosotras.
Eso sí, no pienso irme, es decir, dimitir. Si le parece mal nuestro plante, que nos eche él, que tendremos derecho a paro. Si está seguro de que el problema es que no nos da la gana de trabajar, y que hay gente ahí fuera dispuesta a echarle doce horas diarias por sistema y sacarle todo el trabajo, es libre de echarme y contratar a uno de esos superperiodistas.
Sí, en cierto modo es un chantaje en toda regla(Mira, algo he aprendido de tener que tratar con el novio de V). Pero se acabó el que me tomen por tonta. Sé que están aprovechando que no está mi jefa directa para hacernos tragar con todo aquello a lo que ella se había negado, y por ahí no paso. Una de dos, o nos alivian trabajo (con lo cual salgo ganando) o me voy al paro y me libro de varios meses de semiesclavitud (con lo que salgo ganando también).
Y lo siento, pero es que no me vale el argumento de "es que en publicidad hemos prometido a nuestros anunciantes que salimos en dos semanas al doble de páginas". Si yo para vender un coche le prometo al comprador que además de andar, vuela, si éste se lanza por un barranco y se estrella la culpa no es del coche, precisamente.
